El regreso de la Edad Media

 

    Parece que últimamente anda el reino animal disputándonos las calles a los coruñeses. No nos llegaba con tener que soportar el asedio corsario de las gaviotas y ahora resulta que los jabalíes y las ratas se pasean por la urbe coruñesa como si lo hiciesen por las estrechas y enfangadas callejas de algún burgo medieval. Teníamos a la Edad Media acechando en las esquinas de la ciudad y no nos habíamos dado cuenta.

Las tierras ártabras fueron siempre fecundas en jabalíes. Los poderosos señores de Andrade, allá en la vecina ría de Betanzos, organizaron en el medievo grandes cacerías de jabalíes y las encargaron esculpir en sus sepulcros. Un jabalí sostiene el sosegado sueño de piedra de Fernán Pérez de Andrade “O Boo” en la iglesia de San Francisco de Betanzos. Quién sabe si esos jabalíes que se han aficionado ahora a bajar de los montes de los alrededores para darse una vuelta por la ciudad no son sino los descendientes de los que persiguieron en otro tiempo los caballeros de la casa de Andrade, que se vinieron a refugiar al alfoz coruñés para no ser sobresaltados por las jaurías y las trompas de caza.

En cuanto a las ratas de la calle Galera, vista la destreza acrobática con que en ese vídeo que circula por ahí se las observa brincar para colarse por el hueco de una puerta, hay que tenerlas por roedores de indudable linaje portuario: está claro que llevan ya inscrito en el ADN el salto que se precisa para salvar la distancia que media de los barcos al muelle y viceversa. Acaso sean estas ratas —por seguir con los parentescos medievales— las tataranietas de las que vinieron en las naos del duque de Lancaster cuando en 1386 desembarcó en Coruña dispuesto a reclamar el trono de Castilla.

De cualquier modo, la invasión reclama medidas urgentes y apropiadas al caso. Para los jabalíes habrá que organizar una montería como las que salen en los códices medievales: los agentes de la Policía Local irán delante, tocados de gorra de paño verde con pluma y soplando el cuerno de caza; y detrás la alcaldesa y los concejales del ayuntamiento armados con lanzas y ballestas. Para las ratas, no veo otro medio que contratar los servicios de un flautista anti-plagas, como hicieron los burgueses de Hamelín.






Comentarios

Entradas populares